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La Reina Trail. Carrera muy sufrida.

La Reina Trail

Si, ya lo sé, ha pasado mucho desde esta carrera y aún no había hecho la crónica. Sabéis que estamos con la reforma de la nueva casa y que andamos un poco liados últimamente. Además, si queríais saber como me fue la carrera tenéis una «mini-crónica» en Instagram que, normalmente, subo el mismo día de la carrera. Y, por si fuera poco, las tenéis todas agrupadas en una guía en el mismo perfil de Instagram. Así que, nada de excusas.

Pero si estás leyendo esto, es que te interesa saber algo más de la carrera, o simplemente que tienes curiosidad, me vale también, en cualquier caso, gracias por pasarte por aquí.

Y ya que estás pues vamos a ver cómo fue la competición, ¿no?.

Semana previa convulsa y con dudas

Prácticamente recién llegado de Italia (había llegado a León el viernes), el lunes siguiente (previo a la carrera) al salir del trabajo, recibí una muy mala noticia a nivel familiar. Justo acababa de colgar el teléfono de hablar con mi entrenador para planificar unas cosas de la semana. Pero en ese momento la competición paso a segundo (o tercer) plano y los entrenamientos fueron omitidos del todo de mi cabeza. Ni pensé si iba a ir a correr o no. Fueron días duros en los que el deporte sale por un momento de nuestras vidas.

Pero la semana seguía avanzado, la vida alrededor no paraba, y, aunque ni se aproximase, intentando recuperar una mínima normalidad, el miércoles intenté hacer unas series que tenía previstas para el lunes. Quizás un entrenamiento me podía ayudar a evadirme y no estar, por un momento, con la cabeza en otro lado. Pero no hubo manera, la primera fue horrible y en la segunda no quedó más remedio que parar e irse para casa.

Así que, con estas sensaciones malas, muy malas, y sacando sólo un rodaje un poco decente a finales de la semana, el sábado decidí igualmente ir al día siguiente a competir. Al fin y al cabo es mi afición, es lo que me gusta y una de las cosas que me hace disfrutar en la vida, así que me pareció un buen remedio para una mala semana. Encima no conocía la zona, ni la carrera y tenía muchas ganas de probarla.

Primeros kilómetros con muchas dudas

Así que, con estas malas sensaciones de la semana, me plante en la linea de salida y dispuesto, como siempre, a dar el 100% y ver qué me deparaba la carrera. Y pasó lo que sabía que podía pasar, que nada más tomar la salida notaba que algo no iba bien, el cuerpo estaba pesado, y ni en la primera zona llana que hubo, donde me gusta apretar siempre, iba mínimamente cómodo. Iba a ser un día de remar y remar y largo, muy largo.

Tengo claro que no se pierde tanto estado de forma en una sola semana, pero también que no hacer nada y no estar concentrado en una competición se paga, quieras o no.

Pero con estas sensaciones llegó la primera subida, bastante «suave» y que se subía íntegramente al trote. Y, pese a que ya se habían ido un par de corredores por delante, y mi idea era haber podido ir con ellos, las sensaciones eran mínimamente mejores. La subida fue bien, sabía que me quedaba mucho por delante, pero que el cuerpo iba respondiendo.

Lo de la bajada posterior ya fue otra cosa. Empezando por algo que me pasó absolutamente en todas las bajadas de la carrera, llevaba los cuádriceps como piedras y no podía dar zancadas rápidas. Teniendo que hacer apoyos más largos unidos a mi necesidad de mejora bajando, fueron un infierno todas las bajadas que tenían un mínimo de inclinación.

En ese momento empecé a perder unos cuantos puestos, hasta contabilizar ir en 8º o 9º posición.

Se repite la misma historia, hasta el final

De aquí en adelante y hasta la última subida fue una tónica muy similar. Subiendo ganaba posiciones y recortaba tiempos y bajando me pillaba gente por detrás y perdía algún puesto. Decir que a nivel de fuerzas, de avituallamientos y demás todo iba bastante bien, como lo tenía planeado, pero el exceso de esfuerzo en las bajadas me estaba matando. En esta zona intermedia de la carrera fui variando posiciones, desde 5º hasta 8º, dependiendo del tramo de la carrera.

Dicho esto, llegó la última subida antes del descenso final que nos llevaría a meta. Muy similar a la primera que hicimos. Larga, tendida y corrible en el 99% de la misma. En este punto, los 3 primeros eran inalcanzables. El 4º se dejaba ver unos metros por encima de nosotros y yo iba en un grupo de tres, 5º, 6º y 7º.

Sabía que en la subida podía dejarles atrás, pero tenía dudas si intentar irme y sacar unos pocos metros que, probablemente, no fueran suficientes o guardar fuerzas e intentar aguantar en el descenso. Decidí lo segundo, ir con ellos, no forzar mucho y bajando intentar aguantar. Al menos hasta los últimos metros de la subida, donde ya veíamos al cuarto clasificado muy cerca nuestro, por lo que intenté ponerme en cabeza del grupo para intentar juntarnos con él antes de empezar a bajar.

No llegamos a alcanzarle del todo, pero sí que el grupo de tres se deshizo y nos fuimos dos por delante unos metros, ahora, llegaba la bajada. Y, si os estáis preguntando, no, mi idea no funcionó, otra vez cuádriceps como piedras y a sufrir. El 4º se me alejó y mis dos acompañantes no tardaron en cogerme y adelantarme sin piedad, tocaba hacerlo lo mejor posible en la bajada, aunque realmente me veía 7º en ese momento en meta.

Sorpresas finales antes de la meta

Pero, cual fue mi sorpresa, cuando el chico que iba en 4ª posición y había ido delante toda la carrera estaba parado en plena bajada, le pregunté si estaba bien y sí, ningún problema de gravedad, simplemente una explosión de las que nos llegan a veces y se había quedado sin fuerza ninguna. Un puesto menos. Pero aún quedaba una sorpresa más.

Cuando ya ni siquiera veía a mis dos acompañantes en la subida (hay que tener en cuenta que bajando las distancias aumentan) un inesperado giro a la derecha y un auténtico muro en forma de subida muy explosiva nos regalaba la traca final. Allí estaban, a escasos metros por encima de mí ambos corredores, se les estaba atragantando realmente la subida y casi casi llegué a alcanzarles del todo. Esos escasos metros que no llegué a recortar hizo que el último tramo de descenso, mucho más corrible y con tramos prácticamente llanos, lo afrontasen con una ligera ventaja.

Pero de aquí a meta había que dar el 100% e intentar cogerles. Pese a llegar a meta habiéndolo dado todo, sólo pude dar caza a uno de ellos. Pero, repito, lo di absolutamente todo y mi satisfacción en ese momento fue máxima. No sólo había sacado la carrera adelante con esas malas sensaciones, sino que había dado el 100% en la misma. Al final un 5º puesto absoluto y 3º senior masculino.

Y una mención especial para el premio que me dieron por ese podium senior. De los que hay que dar, de los que se comen y beben, que siempre hay mucho que celebrar.

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