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Crónica Transcandamia 2020. Corriendo por Narnia.

Transcandamia 2020

No acaba de empezar el año y ya estamos con la crónica de la primera carrera de este 2020. Y, como viene siendo normal desde 2017, no es otra que Transcandamia. Una Transcandamia donde el frío y la niebla fueron los protagonistas. Las imágenes de las barbas y los pelos helados de los corredores han sido constantes, pero, ¡cómo hemos disfrutado!

Previa de la carrera

Llegó un año más la Transcandamia. Una carrera que, si bien no es puramente una carrera de montaña, tiene un atractivo especial para todos y todas las que la disputamos. Para mi, el encanto, es la cantidad de gente que se acerca a ver el desarrollo de la misma en Las Lomas. Que el recorrido pase por tantos puntos cercanos entre sí, creo que anima mucho a la gente a seguir la carrera en directo.

En este punto sí que es cierto que, la segunda mitad de la carrera, se aleja un poco de la zona más pura de Las Lomas y los corredores encontramos unos kilómetros de más soledad, pero aún así el ambiente es espectacular.

Y este año se presentaba con un cartel impresionante: Pablo Villa, Guzmán, Mezquita, Juanjo, Grandoso, Diego Alonso… Gente que corre bien y rápido de narices. Todo esto unido a un cambio de recorrido que hizo que la carrera, según mi reloj, se fuese a 23k y 1250+.

Salida y primera parte

La salida de esta carrera me gusta especialmente. Es un tramo bastante llano, con ligero descenso en el que nos podemos colocar en nuestro sitio sin necesidad de agobios. Si el año pasado salí deprisa, con el grupo cabecero, este año me coloqué en un segundo grupo, ya que aquí nos conocemos todos y los de delante son mucha tela para mi actual nivel.

Desde esta posición, utilicé una estrategia similar a otros años. Unos primeros kilómetros rápidos, que me mantengan en una posición buena, aunque gaste un poco más de lo que debería, mínimamente, hay terreno de sobra para recuperarlo. Además este año si decidí salir con avituallamiento, más allá de la pastilla de sales del año pasado. Salí con un softlask de Tailwind de 500 en el cinto y en el kilómetro 12 estaría Alba, como siempre ayudando y animando, para cambiármelo por uno nuevo.

La estrategia funcionó. Tras esos primeros kilómetros rápidos, entre el kilómetro 9 y el 12 aproximadamente, bajé un poco el pistón y decidí recuperar. No podía mantener ese ritmo durante toda la carrera y era el momento de guardar un poco.

Rodaje rápido

Pasamos el avituallamiento del kilómetro 12 tras una de las subidas más largas de la carrera y que sería una de las últimas, al menos hasta los últimos 3 kilómetros. Desde aquí nos quedaban tramos de bajada, de llanear y de ligero sube y baja durante unos 7 kilómetros. En dicha subida había perdido 4 puestos ya que me la tomé mas o menos con calma mientras aprovechaba para beber las últimas gotas de Tailwind antes de cambiar el Softlask.

Una de esas posiciones la perdí con la primera chica, Oihana Kortazar, que venía a un ritmo más que bueno. Empezó la bajada antes de la zona más llana y veía que estaba relativamente cerca y que llevaba un ritmo constante que podría ser muy acorde a mí, por lo que poco a poco fui acelerando hasta que la alcancé.

Me pegué a ella, llevábamos delante un grupo de 3 corredores más y les íbamos pillando, el ritmo era realmente bueno y sin tirones, se nota la experiencia de una corredora con tantos kilómetros en las piernas. Finalmente les dimos alcance y nos juntamos un grupo de 5, que acabó siendo de 4 cuando uno de los corredores aflojó y acabó descolgándose. Me sentía cómodo en este tramo y, aún sabiendo lo que quedaba, me veía con fuerzas.

Observé como Oihana abría un gel mientras seguimos en el grupo y lo tomaba inmediatamente. Me llamó la atención, pero pensé que sería para el último tramo de carrera. Nada más lejos de la realidad, unos segundos después, adelantó a los dos corredores que iban con nosotros y aumentó el ritmo. Ellos cedían un poco, a mi me empezaban a doler las piernas y tenia que decidir. O me iba con ella o bajaba el pistón y seguía en el grupo.

Decidí intentar gastar un poco más en esta zona, esperando recuperar de cara a las últimas subidas y seguir con Oihana, aún sabiendo que lo normal es que lo acabase pagando más tarde. Las piernas me ardían a ratos. Miraba para atrás, se habían quedado, pero apenas unas decenas de metros, no suficiente. Me había salido mal la estrategia. Pienso que no va a ningún lado, que nos acercamos a las últimas subidas, que llevamos casi 1000+ de desnivel ya encima y que he gastado un poco más de lo que debía.

Últimas rampas y meta

Ya que la estrategia no me había salido especialmente bien, aflojé el ritmo y acabé quedándome tanto de ella, como de los dos chicos que, nuevamente me dieron alcance. Y venía la zona más dura. Unas últimas rampas en las que acumulamos entre 200-300 m + más y para las que parecía no tener piernas. Sabía que podía pasar y pasó.

Llegado a este punto decido no fijarme en nadie más y tomarme la primera subida con calma. Veo que otro de los corredores también sufre por delante, pero, tras coronar el ascenso, nuevamente un trozo llano y él corre deprisa sin problemas, yo sigo intentando recuperar, pero intentando mantener un ritmo constante.

Nuevamente otra subida que me deja ver la gente que llevo por delante y parecen lejos, sigo a lo mío, recuperando. Y con este panorama llegamos a los 3 repechos de la famosa «anibalada». Sí, porque solo se habla del tramo final, pero son 3 tramos de subida con 2 bajadas entre medias que castigan, y mucho.

Parece que vuelvo a encontrarme con piernas. No obcecarme en las anteriores subidas y dejar recuperar al cuerpo ha funcionado y veo que el corredor que también sufría anteriormente, se va quedando sin piernas y que puedo ganar un puesto más. No es mucho, pero siempre anima. Aprieto en el segundo de los repechos y le doy alcance. A ambos nos cuesta subir por la cantidad de barro que hay y tenemos que echar las manos al suelo.

Una última bajada y la subida final. Con ese último esfuerzo hecho, toca disfrutar. La gente anima sin parar y es una pasada. Miro el tiempo, un poco menos de 2h12′, muy satisfecho, son 5′ más que el año pasado, pero con más desnivel, me parece un muy buen tiempo para la época del año que estoy.

Y finalmente un 12º puesto general y 9º Senior Masculino que me dejan un muy buen sabor de boca para lo que viene este año que, sin duda, será espectacular.

Porque me dispongo a conocer nuevas carreras, nuevas distancias (estreno en maratón de montaña), nuevas provincias y CCAA donde competir… ¡No dejeis de vivirlo conmigo!

Icono Camara Blas Lavigne – Transcandamia 2020

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