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Crónica Kilómetro Vertical Villalfeide

Kilómetro Vertical Villalfeide

Cuánto hace ya que no me pasaba por aquí a contaros alguna cosilla. Entre que voy recuperando de la lesión, que no había competido nada y que muchas cosas las cuento por redes sociales, no había sacado un rato para pasarme por el blog.

Pero que mejor momento, que volver a ponerse un dorsal y “competir” para contaros cómo ha ido esa competición un poco más detalladamente.

Días previos

Fue la misma semana de la carrera cuando decidí que iba a correr. Tenía pensado no hacerlo, no precipitar la vuelta hasta finales de octubre donde tendremos (sí, hablo en plural, podéis ir imaginando algo) un reto muy chulo que pronto haremos público.

Pero llevo unas semanas en las que estoy siguiendo de nuevo un plan de entrenamiento establecido (aunque realmente suave) y subiendo no noto ningún dolor, por lo que finalmente me animé a última hora.

Si bien, las condiciones no eran las idóneas, me planteaba la carrera como una forma de pasar el día y de quitar el mono de competir. Sabía que el tiempo iba a estar más o menos lejos del que haría con un entrenamiento en condiciones y salí sin esa presión, pero sí a dejarlo todo en esa subida.

Calentamiento y salida

Había hablado el día antes con mi entrenador y tenía las órdenes claras. Sal más despacio de lo que pensabas y llega al final a tope. Con esa idea empecé el calentamiento, unos 15’ de trote suave, algunos cambios, tramos de subida y movimientos de la zona de la lesión. Durante el mismo, como siempre, noté molestias ligeras que no me asustaron, al empezar a correr siempre vienen, y acaban aminorando o desapareciendo.

Llegó el momento de la salida. Por mi tardía inscripción salía en el primer bloque de dos justo a las 10:00, que al final acabó siendo de cuatro, y nos acercamos al punto de inicio unos minutos antes. Nos dieron el chip de cada uno y, nada más pasarnos el lector por él, salimos pitando. Con las prisas se me olvidó poner en marcha mi reloj hasta unos metros después de la salida, cuando abandonábamos el campo de fútbol. Presioné el botón de Start e inmediatamente dirigí la mirada a la pantalla para comprobar que estaba en marcha, lo único que pude ver fue el ritmo de 3’45” que llevábamos.

La carrera

Justo en el instante que vi ese ritmo pensé en las palabras que me había dicho mi entrenador el día antes y pensé en bajar el ritmo. Aun bajando ese ritmo, llevaba a uno de mis acompañantes por delante en la zona más rápida de la subida, prácticamente los dos primeros kilómetros, y pensé que debía mantener un punto de velocidad para que no se me marchase mucho en una zona muy favorable para mí, que sabéis que me gusta correr rápido. Pero también sabía que ahora correr rápido no es mi fuerte ni lo que más me conviene, por lo que intenté mantener un equilibrio entre ambas opciones.

Pasamos el segundo kilómetro y comienza la ascensión en sí. Tocaba empezar a caminar y, en mi caso, a tirar de bastones. Mi predecesor no se había alejado mucho y no tardé en darle caza en la primera rampa, me encontraba bien y le adelanté sin problemas.

Continuamos la subida hasta el avituallamiento, pasados un poco los 1500 m de altitud (mitad del desnivel) donde estaba Alba con un Softlask con Tailwind para darle un pequeño trago. Fue incluso más pequeño de lo que pensaba. Había bebido mucho antes de salir y no hacía casi calor por lo que no tenía excesiva sed.

Encaré la siguiente subida que nos lleva hasta los 1600 metros, a partir de la cual hay un tramo más o menos largo con una pendiente más tendida. En esa ascensión noté que iba un poco pasado de vueltas y que si quería llegar como había acordado, con fuerzas, tenía que recuperar en algún momento. A la vez eché un vistazo para atrás y observé que tenía cerca a otro participante, no había salido conmigo, así que imaginé que habría salido 1’ después, en la siguiente tanda.

Llegué a la zona tendida y decidí hacerla un poco más lento de lo normal, necesitaba recuperar para llegar fuerte al final y no me importaba que me recortasen ahí un poco. En ese momento llegó por detrás la persona que me perseguía y me adelantó con facilidad. Iluso de mí, yo que pensaba que había salido 1’ después y eran 4’. Acabó haciendo poco más de 45’ y una muy buena posición.

Seguí a mi ritmo hasta el último giro a la izquierda donde se encara la última gran rampa de la ascensión. Está a unos 1650 metros, por lo que nos esperan 350m+ hasta la cima, aproximadamente en un kilómetro de distancia. Y ahí es donde quería que respondiesen las piernas, y respondieron, cogí mi ritmo y no lo solté hasta arriba, donde tuve incluso fuerzas para un último sprint hasta la cima.

Para saber que esa segunda parte fue buena, tomé como referencia los tiempos de Strava del segmento que la organización había creado semanas antes para entretenernos cuando íbamos a entrenar. El segmento iba desde los 1500 metros (un poco antes del avituallamiento) hasta la cima. En mis dos intentos a tope cuando entrenaba, hice 24’01” y 24’18” (el resto de la subida hasta allí había sido muy suave para guardar). El domingo mi tiempo en ese tramo fue de 24’14”, muy cerca de lo que había hecho otros días, pero sumando otros 500+ en competición.

En resumen, puesto 16º con 51’18” y muy satisfecho con el rendimiento y el resultado obtenidos.

He dado muchos detalles de esos poco más de 51’ de carrera, ¿y no os he contado nada del dolor de la lesión? ¿De qué dolor estoy hablando? No me acuerdo de nada…

Icono Camara Organización – Kilómetro Vertical Villalfeide 2019

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