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Crónica Fontañan Express

Fontañan Express

Aquí estoy de nuevo para contar lo que dio de sí la que ha sido la última carrera de la temporada para mí. El pasado domingo nos desplazamos hasta la localidad de La Pola de Gordon para disputar esta carrera de 17 kilómetros y 1100 metros de desnivel positivo. Como siempre estuve acompañado por Alba, mi mujer, que salió unos minutos antes que nosotros para poder llegar a la cima a sacar fotos y ver allí el paso de la carrera.

Como apunte, decir que ha sido mi primera participación en esta prueba y la organización ha sido de diez. Tanto los kilómetros, como el desnivel total de la prueba, cuadraron prácticamente al milímetro con respecto a lo que marcaba mi reloj. Incluso el primer avituallamiento que nos dijeron que estaría en el kilómetro 8 fue exacto, justo al llegar al mismo, el GPS me avisó de dicho kilómetro. Parecen detalles mínimos, pero ayudan mucho al corredor para saber en cada momento dónde nos encontramos. También destacar las duchas, ya que el pueblo cuenta con un pabellón y raramente encontramos instalaciones tan buenas para la post-carrera.

Pero como no todo va a ser perfecto, por mi parte eché de menos un primer avituallamiento más cerca de la salida. Hasta llegar al primero, en mi caso, llevábamos ya algo más de una hora de carrera y se hace un poco largo.

Ahora vamos a analizar lo que fue la carrera en sí. Tenía claro que en este caso iba a salir a intentar aguantar lo más posible en la parte delantera de la carrera y hasta donde pudiese. También era consciente que corría contra gente que es más rápida que yo y que podía pinchar y acabar pagándolo, que en parte fue lo que pasó. Tampoco me arrepiento de haberlo hecho de esta manera ya que de hay que aprender de cada carrera y coger experiencia en las mismas. Y llevaba tiempo intentando hacer las carreras de menos a más y acabando con la sensación de que el más no era tan más y el menos muy menos. Por tanto probé la formula contraria.

Los primeros metros, hasta empezar la subida en sí a Fontañan fueron lentos, corríamos en grupo y bastante cómodos. Una vez empezó la subida todo cambió. Pablo Villa se marchó por delante (como es totalmente normal) y yo me quedé toda la subida junto a Diego Alonso. Era consciente que subía forzado ya que está más fuerte que yo, pero no notaba que tanto como fue a la postre. A mitad de la subida, un corredor que venía por detrás nos cogió y se marchó en solitario. Ni pensé en seguirle, sabía que el ritmo que llevábamos ya era suficiente y que parecía estar más fuerte que nosotros.

Nos plantamos en la cima un poco después de los 40 minutos y empezó la peor parte para mí de la carrera. Zonas que conozco, más o menos llanas (salvo una pequeña subida antes del primer avituallamiento) o con ligero desnivel negativo pero con bastantes piedras. Y me quedé sin fuerzas, corría, pero lo hacía muy lento y antes de llegar al primer avituallamiento ya había perdido dos puestos. Paré en el mismo, bebí agua, dos mordiscos de un plátano y a seguir. Pero seguía sin ritmo, pequeñas cuestas las hacía andando y, para colmo, llegamos a un descenso muy empinado en el que costaba mantenerse en pie. Bajada y sin fuerzas, se me juntaba todo. Para entonces ya había perdido tres puestos más y de la 4ª plaza que ocupaba en la cima había pasado a la 9ª.

Pero una vez pasada la zona más complicada del descenso, nos encontramos una pequeña subida de unos 500 metros donde recuperé fuerzas. Me volví a encontrar un poco mejor y podía incluso trotar hacía arriba. Justo cuando acababa esta subida, enlazábamos ya directamente con la última zona de descenso de la carrera, mucho más tendida, con caminos más o menos anchos y muy corrible. Y sin saber cómo me encontraba otra vez con fuerzas, mis piernas corrían deprisa y el cuerpo respondía. Los ritmos bajaban fácilmente de los 4’/km y me encontraba bien. Un nuevo trago en el segundo y último avituallamiento y me lancé hasta la meta.

Sabía que no iba a servir de mucho, a nivel de clasificación solamente pude recuperar un puesto de los que había perdido, pero a nivel de sensaciones sí. Llegar con la sensación de correr deprisa a la meta y de tener fuerzas para más fue un muy buen final.

Una lección más para seguir conociéndome a mi mismo y aprender mejor cómo puedo gestionar mi cuerpo y mis esfuerzos.

Y aquí termina la temporada. Ahora tocan unas semanas de bajada de entrenamientos y unos días de descanso total, hasta comenzar ya los entrenamientos de cara a la temporada que viene.

Pero, como ya he comentado en otras ocasiones, no significa que no se me vea en alguna línea de salida en las próximas semanas. Tengo en cabeza acudir a algunas carreras en otoño/invierno y aunque el nivel no sea «en teoría» el óptimo, hay que seguir disfrutando de lo que nos gusta.

Icono Camara Cundi Vega

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